

Relatos ganadores
Viaje al centro de la Luna
Por
Izan
Fernández
Belmar
1º F ESO
Meluris se encontraba con su familia en el laboratorio nuclear que tenían en el ático. Era de noche y el cielo estaba despejado, viéndose de esta manera la Luna y las estrellas bastante bien. Y fue cuando la chica empezó a tener curiosidad sobre de qué estaba hecha la esfera que giraba en torno a la Tierra. Preguntaba constantemente a sus padres:
-Mamá, ¿de qué está hecho el astro que da vueltas alrededor de nosotros? - decía ella.
-La Luna se formó cuando la Tierra chocó contra otro planeta, con lo que está hecha del mismo material que la Tierra- le respondían sus padres.
Pero a Meluris eso no le terminaba de convencer y decidió que, cuando fuera mayor, iba a viajar a la Luna y descubriría de qué estaba formada en realidad.
Pasaron los años y la chica fue aprendiendo sobre el espacio y cómo construir un cohete. Cinco años después, nuestra aventurera empezó a montar el cohete con ayuda de su mascota Burns, un sapo poco común, y a reclutar gente para la tripulación.
Cuando terminó la nave, fue en el Orient Express a una aldea a por un animal tecnológico. Al volver, llamó a su tripulación, formada por tres personas: un pésimo arquero llamado Rabin Hette, el doctor Expenser Ried y a un ladrón retirado cuyo nombre era Locín. Teniendo ya todo preparado, montó en Nautilus 1.99, su cohete, un carro de la compra recubierto de titanium y con remaches para barcos junto con unos propulsores nucleares; y despegó hacia su mayor y única aventura hasta entonces. A los cinco días, ya habían llegado a su destino. Meluris llamó a la tripulación, a su mascota y a Bauieca, una recreación del legendario caballo que montara el Cid con la mejor tecnología del momento. Y entraron por uno de los cráteres.
Empezaron a bajar por el hoyo cuando se encontraron con el final del túnel, una oscura e irregular pared que les tapaba el camino. Expenser llamó a Bauieca. Esta transformó sus pezuñas en potentes taladros de diamantes y rubíes y empezó a excavar un túnel. A las dos horas, ya habían podido avanzar tres kilómetros y fue cuando se encontraron con un grupo de ratones. Todos pensaron que podrían haber ido en el cohete con ellos, ya que la nave se había quedado muchos días sin inspeccionar; sin embargo, Burns sospechaba algo. Siguieron cavando, perdiendo la noción del tiempo y llegando por fin a una capa interior de la Luna de diferente color a la del exterior.
De repente, una luz cegadora los iluminó y pudieron ver una enorme cueva con un mar de color amarillo; en realidad, toda la caverna estaba cubierta por diferentes tonalidades de amarillos. Fueron entrando de uno en uno, ya que la abertura era muy pequeña. Empezaron a sentir una mezcla de olores, unos más fuertes, otros eran desagradables, la mayoría familiares… Pero todos tenían una similitud: eran olores de quesos. Recorrieron durante bastante tiempo las galerías de la cueva, hasta que a Meluris y Lorín les pareció ver que se movían sombras y que en las paredes de la gruta aparecían constantemente agujeros pequeños y numerosos. Fueron a avisar al resto, pero vieron que no había nadie en la cueva y, de repente, sintieron un golpe en la cabeza y perdieron el conocimiento.
Cuando la capitana se despertó, notó que sus manos estaban atadas, igual que sus piernas. Al mirar a los lados, vio a sus compañeros todavía dormidos. Intentó desatarse, pero hizo demasiado ruido y despertó a unos diez mil ratones que tenían alrededor. Los animales se llevaron a los astronautas a una sala extensa, con un olor a queso azul y agujereado, con la mesa más larga que habían visto en sus vidas. Rabin Hette sacó su arco con disimulo e intentó cegar a todos los ratones con una flecha de luz, pero se equivocó y disparó una con olor a menta mezclada con amoniaco, lo que hizo enfadar a los ratones. Estos empezaron a chillar y de uno de los boquetes más grandes que había apareció una rata que debía de medir unos cinco metros y pesar en torno a los ciento cincuenta kilos; era el rey de las colonias de roedores de la Luna y se llamaba Picky Paus. Al entrar, todos los ratones callaron y Picky empezó a hablar con una voz aguda y suave, pero a la vez poderosa:
-Yo soy el rey de los ratones lunares, mi nombre es Picky Paus. ¿Quiénes sois vosotros? ¿De dónde venís? ¿A qué habéis venido?
-Nosotros somos humanos, venimos de la Tierra y hemos venido en una nave espacial para averiguar de qué está hecha la Luna.
-¡"Nave espacial", ha dicho "nave espacial"! ¡Bien, por fin podremos irnos de este apestoso y maldito lugar!
-¡Llevábamos años intentando irnos de aquí! ¡Somos alérgicos al queso! Venga mis esbirros, buscad esa nave espacial y traedla; y meted a los humanos en la prisión más segura que tengamos.
Continuará