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Relatos ganadores

Izan Fernández Belmar
2º ESO F

"Nos contó que había descubierto que el ejército de roedores podía viajar por el tiempo; y que, si no lo deteníamos, podría llegar a causar una catástrofe en el espacio-tiempo. Tras debatir un rato sobre lo que hacer, decidimos actuar. Salimos de nuestra guarida decididos a ejecutar el plan establecido...."

Una despedida a través del tiempo

Querida Matilde:

 

Una despedida a través del tiempo

 

 

Te mando esta carta desde Italia. Es probable que esta sea la última vez que pueda hablar contigo, con lo que te contaré cómo acabé aquí. Después de aterrizar en la Luna con mi tripulación, unos extraños ratones nos apresaron y nos encerraron en una celda situada en su parte oculta. Por suerte, los barrotes eran de queso azul noruego y Burns se los pudo comer sin problema. Al salir, descubrimos que el ejército de Picky Paus estaba modificando nuestra nave con partes de un antiguo Delorian. Entre la chatarra del coche llegué a ver una matrícula de California en la que ponía “OUTATIME”.

Decidimos colarnos en ella a petición de Expenser y... ¡qué vergüenza! ¡Ser polizones de nuestra propia nave! No obstante, decidimos escondernos en una habitación oculta detrás de un póster. Para nuestra sorpresa, dentro del cuarto nos encontramos con un ratón pálido y con muy mal aspecto.

-Me llamo Yerry -empezó a hablarnos con una voz débil y aguda mientras no paraba de toser- y no formo parte del clan de Picky Paus. Tuve bastantes problemas con varios grupos de ratas y ratones; con lo que fui desterrado a la parte oculta de la Luna. Tuve que alimentarme del queso de esa zona, que, aunque tuviera buen aspecto y sabor, era muy perjudicial para la salud.

Al poco tiempo, el cohete arrancó. Durante el trayecto estuve pensando sobre lo que dijo nuestro nuevo amigo roedor; ya que Burns y yo habíamos comido varios trozos de diferentes quesos de esa zona. Yerry salió de la habitación y, cuando volvió, ya no estaba pálido y no tosía. Nos contó que había descubierto que el ejército de roedores podía viajar por el tiempo; y que, si no lo deteníamos, podría llegar a causar una catástrofe en el espacio-tiempo. Tras debatir un rato sobre lo que hacer, decidimos actuar. Salimos de nuestra guarida decididos a ejecutar el plan establecido. Todo iba a la perfección: ya estábamos en el puesto de mando intentando comprender el nuevo funcionamiento de la nave.

Pero un dramático giro de los acontecimientos hizo que, de repente, entrara Picky Paus con su ejército en la sala donde estábamos. Intentamos defendernos como pudimos, pero acabaron por atraparnos; antes de que nos noquearan, pude ver cómo Yerry salía de detrás del grupo de roedores y se subía a los hombros de la malvada alimaña gigante de 150 kilos. Entonces lo entendí todo: ese ratón nos había traicionado para curar su enfermedad.

 

Al despertar, vi que estábamos en la orilla de un extenso lago. Me dolía la cabeza (probablemente del golpe que nos dieron) y tenía algunos puntos rojos en los brazos, posible consecuencia de alguna picadura de insectos de la zona. Desperté a mis compañeros y descansamos hasta que, de repente, Rabin sacó su arco y disparó una flecha. Esta tuvo que dar en su objetivo, ya que se escuchó un sonoro gemido de dolor.

Todos los presentes fuimos a ver qué o quién nos estaba espiando. Y descubrimos que era una kappa, un ser monstruoso japonés. La flecha le había dado en la punta del dedo de la mano y no paraba de retorcerse de dolor. Decidimos interrogarlo y fue Expenser el que se ocupó de hacerle las preguntas. Nos dijo que se llamaba Vetusta, pero que todo el mundo la conocía como Morla. Nos explicó que estábamos en el 1347, en Asia Central. Le preguntamos si había visto a Picky por esa zona. Nos dijo que sí, que se dirigía con su ejército a Europa por el Mediterráneo para sembrar el caos. Tras conocer el nuevo plan de nuestro enemigo, nos despedimos de Morla y nos dirigimos hacia el sur, a algún puerto cercano.

Durante el trayecto, el dolor de cabeza no hacía más que aumentar y las “picaduras” se empezaron a convertir en ampollas. Finalmente, llegamos al puerto de una gran ciudad. Cogimos un barco y, tras una larga jornada, nos encontramos con el Nautilus 1.99, ahora convertido en un barco.

Llegó entonces la hora de la batalla y... ¡vaya masacre fue eso! El enemigo tenía potentes cañones que lanzaban ratas. Lamentablemente, tuvimos que presenciar cómo uno de esos cañonazos impactó en la cubierta del barco. Las alimañas que venían en él hicieron un acto suicida, tirándose al mar y llevándose con ellas a Locín.

Tras este trágico suceso, un certero cañonazo de Rabin hizo que el navío enemigo se hundiera. Tras esta victoria, decidimos atracar en una ciudad al noroeste de Italia. Durante el trayecto, las ampollas empeoraron y cada vez me sentía más débil. A los pocos días de llegar a Génova (el nombre de la ciudad), las ampollas se convirtieron en unas grandes y familiares ronchas de color violáceo.

En ese momento, decidí escribirte esta carta, para que te la mandaran un alegre 14 de marzo, a nuestro hogar. No creo que me queden muchos días de vida, pero intentaré aprovecharlos al máximo. Podría contarte lo que pasó con Expenser, Burns y Rabin, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

 

Con cariño, tu querida hermana:

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